Quizás alguna vez te has sentido perdida, cansada o simplemente harta de la vida que llevas. Como si, en algún momento, te hubieras desconectado de aquello que le daba sentido a tu vida… suponiendo que exista un sentido…
Y entonces aparece una relación a la que te cuesta entregarte, un proyecto que sigues postergando o una oportunidad de reinventarte que no sabes si tomar. No siempre es fácil entender qué nos pasa.
Ahí puede comenzar un diálogo interno:
“Tal vez no es el momento.”
“Necesito prepararme un poco más.”
“Todavía no tengo suficiente dinero, tiempo o información.”
“Cuando las cosas estén más tranquilas, lo haré.”
Y puede que sea verdad. Quizás realmente necesitas más tiempo, recursos o información. Pero también podría haber algo más profundo: una resistencia al cambio, al compromiso o incluso a la posibilidad de que las cosas salgan bien.
Porque, como dice el viejo refrán, el que quiere, puede… aunque a veces también podríamos preguntarnos: ¿qué pasa cuando una parte de nosotras quiere y otra se resiste?
Joseph Campbell llamó el viaje del héroe a ese recorrido que comienza cuando la vida conocida deja de ser suficiente y aparece una llamada a la aventura. La persona recibe una invitación a salir de lo familiar, atraviesa pruebas, se transforma y vuelve con una comprensión nueva.
Pero antes de cruzar el umbral suele aparecer una etapa decisiva: el rechazo de la llamada. Ese momento en que algo nos invita a avanzar, pero preferimos quedarnos en terreno conocido, aunque ya no nos resulte completamente satisfactorio.
¿Te ves en este punto del viaje?
Tal vez esa llamada aparece como una inquietud que no desaparece, un deseo que vuelve una y otra vez o una sensación persistente de que ya no quieres seguir viviendo exactamente de la misma manera.
Y, al mismo tiempo, aparece la resistencia.
A veces, el miedo al compromiso no se presenta como miedo. Puede aparecer como dudas, ganas de esperar un poco más, necesidad de tener todo claro o la sensación de que todavía no es el momento.
Por eso puede ser tan difícil reconocerlo y atravesarlo. Quizás no sentimos que estemos evitando algo, sino que creemos estar siendo prudentes, realistas o cuidadosas.
¿Has pensado que aquello que te impide avanzar podría estar cumpliendo una función en tu vida?
Tal vez intentas protegerte de sentirte vulnerable, de perder libertad, de ser herida o de tener que dejar atrás algo que todavía quieres, aunque ya no te haga bien. Quizás esa resistencia no está tratando de sabotearte, sino de evitarte un dolor que en algún momento aprendiste a temer.
No se trataría entonces de luchar contra ella ni de obligarte a avanzar a cualquier precio. Tal vez podrías preguntarte, con curiosidad:
¿Qué está intentando cuidar esta resistencia en mí?
El compromiso con nosotras mismas, ya sea con un vínculo, un sueño, un trabajo o una decisión, nos invita a estar de verdad, a mostrarnos y a aceptar que no todo depende sólo de nosotros. Eso puede despertar temor, porque comprometernos también significa cerrar algunas puertas y renunciar a otras posibilidades.
A veces, para avanzar hacia algo, necesitamos despedirnos de una versión de nuestra vida que, aunque ya no nos llena, todavía conocemos y a la que le tenemos cariño.
Y si me dicen que sí, ¿qué hago?
Quizás deseamos profundamente que un proyecto resulte, pero cuando se acerca la posibilidad de lograrlo aparecen dudas, cansancio o ganas de postergar. El éxito puede traer visibilidad, nuevas responsabilidades y una identidad distinta de la que hemos sostenido hasta ahora.
Tal vez no sólo tengamos miedo a fracasar. También podría darnos vértigo que las cosas resulten.
Porque obtener aquello que deseamos puede implicar un cambio inevitable en nuestras antiguas estructuras, costumbres y formas de relacionarnos, y el duelo que acompaña esa transformación podría ser más importante de lo que imaginamos.
En el viaje del héroe, la resistencia no es un error del camino. Es parte del camino.
El héroe no suele cruzar el umbral lleno de certezas. Muchas veces lo hace con miedo, dudas y la tentación de volver atrás. La llamada no siempre se presenta como una gran revelación. A veces aparece como una incomodidad persistente, una sensación de estar listas o el cansancio de repetir una historia que ya conocemos.
Claudio Naranjo vinculaba este proceso con un cambio de identidad: reconocer las máscaras, mirar los impedimentos y abrir espacio para algo más esencial. En ese sentido, transformarnos no significaría simplemente conseguir algo nuevo, sino permitir que una forma antigua de ser deje de ocupar todo el espacio.
Salir de la zona de confort tampoco tendría que significar forzarnos a hacer algo enorme de un día para otro. Quizás se trate de observar dónde estamos eligiendo lo conocido sólo porque parece más seguro.
A veces, salir de ahí puede ser una conversación pendiente, aceptar una oportunidad, poner un límite, comprometernos con una decisión o permitirnos explorar sin preguntarnos inmediatamente si aquello nos sirve o no.
Puede que el viaje no consista en dejar de tener miedo, sino en aprender a escucharlo sin permitir que tome todas las decisiones.
Te proponemos hacer una pausa y observar tu momento actual con un poco de distancia. No necesitas tener respuestas claras ni identificarte por completo con una sola etapa. Basta con dejar que alguna pregunta te resuene.
¿Hay algo que se está repitiendo en tu vida y te invita a hacer un cambio?
Puede ser una relación, un proyecto, una decisión pendiente o simplemente la sensación de que ya no quieres seguir viviendo de la misma manera.
¿Qué aparece en ti cuando imaginas dar ese paso?
Observa si surgen miedo, dudas, excusas, cansancio o pensamientos como “todavía no es el momento”, “no estoy preparada” o “mejor lo dejo para después”. No intentes cambiar nada. Sólo reconoce qué forma tiene tu resistencia.
¿Qué tendrías que dejar atrás para avanzar?
Quizás una costumbre, una imagen de ti misma, una relación con la seguridad o la necesidad de tener todo bajo control. A veces el umbral no es algo externo, sino una forma conocida de protegernos.
¿Qué desafío está poniendo a prueba tu manera habitual de responder?
Puede que la vida te esté invitando a comprometerte, a confiar, a mostrarte, a recibir ayuda o a tolerar no saber exactamente qué va a pasar. Pregúntate qué aprendizaje podría estar ofreciéndote esta situación.
Si atraviesas este proceso, ¿qué podría transformarse en ti?
No pienses sólo en lo que podrías conseguir. Observa qué cualidad podrías desarrollar: más confianza, libertad, presencia, valentía o capacidad de elegir desde un lugar más auténtico.
Al terminar, escribe una frase que complete lo siguiente:
“En este momento de mi viaje, siento que estoy en… y el próximo paso que puedo dar es…”
No se trata de presionarte para avanzar ni de encontrar una respuesta definitiva. Quizás reconocer la etapa en la que estás ya sea una forma de comenzar el movimiento.