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Un nuevo paradigma para una Gestalt Viva

Una reflexión sobre cómo evolucionan nuestras maneras de acompañar, mientras seguimos fieles a los principios de la terapia Gestalt.

Una Gestalt viva: cambiar sin perder nuestra esencia

Últimamente se habla de un nuevo paradigma en la terapia Gestalt. Y vale la pena preguntarnos: ¿estamos realmente frente a una nueva manera de entender la Gestalt o simplemente estamos haciendo lo que la propia Gestalt nos invita a hacer, que es estar atentos a lo que sucede aquí y ahora?

La Gestalt es mucho más grande que sus creadores, sus maestros y las técnicas que hemos aprendido de ellos. Fritz Perls tenía su manera de trabajar y Claudio Naranjo nos dejó un legado profundo, que sigue siendo una parte fundamental de nuestra manera de comprender al ser humano.

Claudio nos transmitió una mirada profundamente humana, capaz de reconocer no solo nuestras heridas, sino también la luz y el potencial que cada persona lleva dentro. Porque acompañar un proceso de transformación no consiste únicamente en atender aquello que nos duele, sino también en cuidar y fortalecer nuestra parte más sana, creativa y luminosa, en un entorno amable, seguro y estable.

Pero la Gestalt, más allá de sus métodos, es también una manera de plantarnos ante la vida. De mirar lo que nos pasa, de relacionarnos con los demás y de aprender a reconocer nuestras propias contradicciones.

Cambian las generaciones, las formas de relacionarnos, los miedos y las circunstancias en las que crecemos. Aunque, si miramos un poco más al fondo, quizás nuestras heridas no sean tan diferentes de las que tenían nuestros padres o nuestros abuelos. Seguimos necesitando amor, reconocimiento, seguridad y sentir que pertenecemos, etc.

Lo que cambia es la manera en que vivimos esas necesidades y aprendemos a protegernos cuando no están satisfechas.

Por eso, parece necesario que también revisemos nuestras formas de acompañar. No porque lo anterior haya dejado de tener valor, sino porque las personas que tenemos delante no son las mismas, y nosotros tampoco.

De esto se trata también: mantener viva la Gestalt, seguir aprendiendo a mirar al ser humano que tenemos delante, en lugar de intentar que encaje en una determinada manera de hacer terapia.

Confrontar no es lo mismo que empujar

La confrontación ha sido una herramienta importante dentro de la Gestalt. Nos ayuda a reconocer contradicciones, a observar aquello que repetimos sin darnos cuenta y a descubrir aspectos de nosotros mismos que preferimos no mirar.

Pero confrontar no tiene por qué significar provocar una reacción intensa.

A veces basta con señalar algo que estamos observando, hacer una pregunta o devolverle a alguien sus propias palabras para que aparezca una nueva comprensión.

Podemos confrontar desde el respeto, la curiosidad y el cuidado, sin perder profundidad.

Porque lo importante no es la fuerza con la que confrontamos, sino la conciencia que esa experiencia puede despertar.

Sentirnos seguros también forma parte del proceso

Cuando hablamos de seguridad emocional, no estamos hablando de evitar las emociones difíciles ni de crear espacios donde todo resulte cómodo.

El trabajo personal puede remover cosas que duelen, enfrentarnos a nuestros miedos y hacernos reconocer aspectos de nosotros mismos que no siempre nos gustan.

Pero hay una diferencia importante entre atravesar una experiencia difícil sintiéndonos acompañados y hacerlo sintiéndonos solos, expuestos o presionados.

La confianza nos permite explorar con mayor libertad. Saber que podemos expresar nuestros límites, que podemos decir que no o que no tenemos que mostrar algo para lo que todavía no estamos preparados también forma parte del proceso terapéutico.

Cada persona tiene su propio ritmo

Uno de los principios fundamentales de la Gestalt es la autorregulación organísmica. Dicho de una manera sencilla, nuestro organismo busca continuamente formas de responder a sus necesidades y encontrar un equilibrio con el entorno.

Pero en la práctica, respetar ese proceso no siempre es tan fácil.

A veces, desde nuestras ganas de ayudar, podemos adelantarnos al ritmo de la otra persona. Podemos creer que ya está preparada para mirar algo que todavía necesita tiempo, o interpretar su dificultad para avanzar como una resistencia que debemos superar.

Y quizás esa resistencia también tenga algo que contarnos.

Aprender a acompañar implica reconocer que no todos necesitamos lo mismo ni llegamos a las mismas comprensiones por el mismo camino.

A veces avanzar significa atreverse a dar un paso. Otras veces, significa poder detenerse.

Comprender nuestras heridas desde una mirada más amplia

Hoy sabemos más sobre el trauma y sobre cómo determinadas experiencias pueden influir en nuestra manera de sentir, pensar y relacionarnos.

Esta comprensión nos invita a mirar con mayor atención aquellos mecanismos que desarrollamos para protegernos.

Por ejemplo, alguien que evita hablar de sus emociones puede parecer distante, pero quizás aprendió desde pequeño que mostrarlas no era seguro. Otra persona puede necesitar controlarlo todo porque la incertidumbre le resulta especialmente difícil de sostener.

La Gestalt siempre nos ha invitado a mirar a la persona en su totalidad. Integrar los conocimientos actuales sobre trauma nos permite enriquecer esa mirada y acompañar con mayor sensibilidad.

Porque antes de intentar cambiar una conducta, quizás necesitamos comprender qué función ha cumplido en nuestra vida.

No todo cambio necesita una gran explosión emocional

Durante años, algunas formas de trabajo vivencial dieron mucho protagonismo a la expresión intensa de las emociones.

Y es verdad que a veces necesitamos llorar, gritar, expresar nuestra rabia o permitir que aparezca un dolor que llevamos mucho tiempo guardando.

La catarsis no es necesariamente sinónimo de transformación.

También podemos vivir momentos profundamente reveladores en una conversación tranquila, al escuchar algo que nos conmueve o al descubrir que llevamos años repitiendo una misma manera de relacionarnos. Un pequeño darse cuenta puede abrir una puerta que antes ni siquiera sabíamos que existía.

No se trata de evitar las emociones intensas cuando aparecen de manera natural, sino de no convertirlas en una meta. Lo importante es qué podemos comprender e integrar de aquello que hemos vivido.

No basta con vivir una experiencia, también necesitamos integrarla

Quienes hemos participado en talleres vivenciales sabemos que a veces salimos profundamente removidos. Hemos sentido, comprendido o descubierto algo importante, y después volvemos a casa, al trabajo, a nuestras relaciones y a nuestras rutinas.

¿qué hacemos con todo lo que hemos vivido?

Por eso, creemos que también es importante dedicar tiempo a comprender nuestras experiencias, reconocer las herramientas que hemos utilizado y descubrir cómo llevar esos aprendizajes a nuestra vida cotidiana.

La formación gestáltica puede enriquecerse combinando la experiencia con espacios de reflexión, comprensión e integración. El verdadero aprendizaje no termina cuando acaba un taller. Muchas veces comienza cuando volvemos a encontrarnos con las mismas situaciones de siempre, pero descubrimos que ahora tenemos la posibilidad de responder de otra manera.

Una Gestalt que escucha a su tiempo

La sociedad cambia, y con ella también cambian nuestras maneras de entender las relaciones, los límites, la identidad y el bienestar emocional.

Hoy hablamos con mayor naturalidad de trauma, de diversidad, de perspectiva de género o de la importancia del consentimiento y del respeto por los límites personales.

Estas nuevas sensibilidades nos invitan a revisar nuestras prácticas, no necesariamente porque sus fundamentos hayan dejado de ser válidos, sino porque nuestra comprensión del ser humano sigue ampliándose.

No podemos acompañar a las personas únicamente desde lo que aprendimos hace veinte o treinta años, sin preguntarnos qué necesitan hoy. Esto no significa abandonar nuestra historia, sino permitir que siga dialogando con el presente.

Mantener viva la Gestalt

Quizás hablar de un nuevo paradigma no signifique que estemos dejando atrás una Gestalt para construir otra.

Estamos profundizando en algo que siempre ha formado parte de su esencia: la capacidad de observar, cuestionarnos, reconocer nuestras necesidades y encontrar nuevas maneras de relacionarnos con la vida.

En el Institut Integratiu, el legado de Claudio Naranjo sigue siendo una inspiración fundamental. Su mirada sobre el desarrollo humano nos invita a comprender el trabajo terapéutico como un camino de conciencia, transformación y encuentro con nosotros mismos.

Mantener viva esa inspiración también implica seguir aprendiendo, escuchar a las nuevas generaciones y atrevernos a revisar nuestras maneras de hacer las cosas.

Porque una Gestalt viva no es una Gestalt que cambia por cambiar, sino una que se mantiene abierta a la experiencia.

Aprender a cambiar sin perder nuestra esencia, reconociendo que crecer no siempre significa convertirnos en alguien diferente, sino acercarnos un poco más a quienes realmente somos.

TE SUJERIMOS:

A veces nos aferramos a determinadas maneras de hacer las cosas simplemente porque siempre las hemos hecho así. Pero ¿siguen teniendo sentido para quienes somos hoy?

Esta vez te invitamos a observar tus propias formas de actuar y relacionarte.

  • Cuestiona tus automatismos. Cuando te descubras reaccionando como siempre, pregúntate: ¿esto sigue respondiendo a lo que necesito hoy?

  • Escucha tus tiempos. No todos los cambios necesitan ser inmediatos. A veces detenernos, observar y comprender también es una manera de avanzar.

  • Atrévete a probar algo diferente. No hace falta transformar toda tu vida. Un pequeño cambio en tu manera de escuchar, responder o poner un límite puede abrir nuevas posibilidades.

  • Trátate con amabilidad. Reconocer aquello que queremos cambiar no significa juzgar lo que hemos sido. Muchas de nuestras formas de actuar tuvieron sentido en otro momento de nuestra vida.

Puede que crecer no sea dejar atrás quienes somos, sino descubrir nuevas maneras de ser nosotros mismos.

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